salim virji - flickrMiles de japoneses han salido a las calles para protestar y pedir el cierre de las plantas de  energía que operan con material radiactivo. Japón, el país tecnológicamente más avanzado del planeta, enfrenta la peor crisis ambiental de su historia. TEPCO, empresa que administra la destruida central de Fukushima optó por verter en el mar más de 11.500 toneladas de agua con «radiactividad relativamente baja», las autoridades reconocen que «desconocen el impacto» que dicha acción tendrá a nivel sanitario y medioambiental.

Las autoridades han informado que se han registrado niveles de radiactividad 100 veces mayor al límite legal. El agua vertida en el océano contiene, de acuerdo al radiobiólogo Eduard Rodríguez-Farré, más de 60 contaminantes radiactivos. De acuerdo al especialista tendrían más impacto en el medioambiente sustancias como el Yodo 131, el Estroncio 90 o el Cesio C-137.  Estas sustancias radiactivas se insertan en la cadena alimenticia, tanto en las frutas y verduras como en el placton y los animales del mar. Rodríguez-Farré sostiene que los efectos de la radiactividad son acumulativos y pasan de un ser vivo a otro. El especialista citó el caso de los miles de renos que se sacrificaron en Chernobil porque habían comido muchos líquenes contaminados».

El especialista asegura que las sustancias radiactivas pueden causar daño al cuerpo humano por mucho tiempo. «El estroncio se acumula en los huesos un mínimo de 30 años, como si fuera calcio, y durante años continúa irradiando el organismo; mientras que el cesio queda depositado en los músculos», indica Rodríguez-Farré. En el mediano o largo plazo estas sustancias incrementarán el riesgo de padecer cáncer y tumores, además de disminuir la respuesta del sistema inmunitario del organismo.

Pero hay sustancias más peligrosas. El Uranio-235 se degrada a partir de 700 millones de años, y su uso es habitual en plantas de energía nuclear la liberación de sustancias tan peligrosas podría obligar a miles de personas a abandonar sus hogares, grandes extensiones de terreno podrían quedar inhabitables y los alimentos cultivados serían muy peligrosos.

El problema con el vertido de sustancias radiactivas al océano radica en la imposibilidad de medir con certeza los efectos y considerando que las corrientes marinas diseminarán las sustancias radiactivas por todo el Océano pacífico, enfrentamos el problema que no hay empresa pesquera que nos pueda garantizar que los peces capturados no contienen sustancias radiactivas.

Información adicional:
La radiación nuclear: invisible e inodora, pero devastadora
http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/03/13/portada/1300034790.html