1st CLIL Seminar
¡Feliz 28!
Mire al cielo, respire profundo, sienta el medio ambiente
El sentido común de la supervivencia nos dice que todo en este planeta es susceptible de agotarse por dos razones: Por sobreexplotación y por contaminación.
En la primera posibilidad, los inconcientes no contemplan entre sus posibilidades detalles mínimos para ahorrar. De ahí que se rieguen los andenes, se inunden los jardines, se abran los grifos hasta que se lave la última cuchara, se bañen hasta que la conciencia se arrugue, se enchufen de por vida los electrodomésticos, se jale la cisterna por el solo hecho de entrar al baño a peinarse, se abra la nevera cien veces, para mirar si ya están los helados.
Con la segunda se busca rematar lo que quedo de la primera acción y sin duda la más peligrosa es la manía del buen consumidor: Comprar lo que le ofrezcan, para que haya más elementos para acumular y crear así botaderos de basura en tierra y mar para que contaminen obviamente el otro elemento: El aire.
Así que mientras cada uno de los habitantes de este otrora bello lugar, llamado hogar no asumamos nuestra obligación hacia el medio ambiente, no habrá nunca la posibilidad de atenuar los cuantiosos daños ocasionados.
No basta con que los medios de comunicación divulguen la forma como atropelladamente extinguimos la naturaleza para crear conciencia. Tampoco es suficiente que se promulguen medidas gubernamentales para favorecerla y que crezcan organizaciones privadas para defenderla.
Solamente con el conocimiento y la capacidad de persuasión hacia aquellos egoístas que nunca tienen tiempo de mirar ni siquiera al cielo, respirar profundo y sembrar un árbol, podremos apaciguar en algo el daño hecho.
Nutrición: La importancia de un profesional de cabecera
Cada día son muchos los ciudadanos que sufren de indigestión informativa por temas relacionados con nutrición. Estos son emitidos constantemente por los distintos medios de comunicación, en presentaciones que van desde la simple publicidad, pasando por entrevistas, documentales y videos aficionados, entre otros. Además, en las calles hay vallas, volantes, avisos luminosos que hacen referencia al trascendental tema.
Algunos son tratados muy seriamente, otros menos y así, la secuencia se va degradando en calidad hasta llegar a niveles muy peligrosos.
Hacia donde se mire, se oiga y se palpe existe una referencia al tema nutricional. Solamente basta con echar un vistazo a la propia barriga o a la del vecino y el tema surge así y también la receta del momento . Quien no tenga una recomendación a flor de labios, es porque no le importa el tema, lo que es poco probable, porque tiene problemas de comunicación o definitivamente pertenece a la minoría que tiene como principio no recomendar nada
El asunto es que la inundación de información sobre nutrición, es verdaderamente preocupante. Al igual que la automedicación, cada uno aconseja y también aplica la mágica fórmula que acaba de conocer, en un círculo vicioso que no tiene cuando parar.
Entrar a navegar, por ejemplo, para buscar que hay de nuevo, conlleva a una alimentación mediática riesgosa porque regularmente no existen criterios de búsqueda selectiva sobre temas nutricionales. Lo mismo que sucede con muchas de las entrevistas y artículos periodísticos.
Entonces, ¿qué hacer para una sana ingesta de conocimientos que nos permitan marchar seguros y contentos por la buena vida?
La respuesta es muy sencilla: Es el momento en que cada familia, cada individuo, cada gobierno, considere y valore al profesional en nutrición, como parte importante del entorno social. Al igual que se tiene un médico, un odontólogo, un consejero, una persona confidente, el nutricionista, es quien está capacitado para hacer de nuestra existencia la mejor posible.
Así las cosas, el corolario entonces es: Nutrámonos de conocimiento y hagámoslo bien. Un nutricionista nos enseña a masticar lo que muchos ni siquiera saben informar.
La difícil tarea de enseñar a comprender
Ya no es fácil para el educador abrirle la mente a esos pequeños seres que inquietos permanecen sentados en un pupitre, para hacerles comprender que para que una sociedad real, no virtual, funcione, ellos deben de partir por considerar al prójimo.
El problema, que ya está más que sobre diagnosticado, nace de los conflictos que surgen dentro de la familia y se agravan ante la infrenable cantidad de mensajes que les contaminan. Esas montañas de basura, les impiden observar un panorama en donde sientan que pertenecer implica deberes y derechos.
De esta forma, el escolar que otrora llegaba al aula para educarse, con principios sociales impartidos en casa y expectante por aprender, ingresa ahora con la percepción que el mundo está a sus pies y que con un clic, hasta la voluntades son posibles de dirigirse. Creen que la satisfacción personal de un capricho, conlleva obligación y desconocen que todo se ciñe a un proceso y que éste se origina en algo tan elemental como es la sensatez.
Se requiere entonces que por encima del ambiente digital en el que estas generaciones se desenvuelven, se priorice una enseñanza del quien soy, cómo soy y qué requiero para funcionar. Es vital que por encima del conocimiento digital como acceso a las cataratas de la información que no sirve, se hagan ver los ríos por donde corren los valores.
Necesitamos una política educativa que programe desde los primeros cursos de primaria materias que permitan el conocimiento y compresión del ser humano. Es la única forma de inculcar la prevención ante las enfermedades físicas y mentales derivadas del consumismo, de bajar los cruentos porcentajes de violencia intrafamiliar y escolar y de crear, amparados en la comprensión, bases reales de convivencia.
En resumidas cuentas el mundo moderno quiere que sus autoridades comprendan que se requiere humanizar el concepto de educación.
Saludos Navideños
Maestros con calor humano
No existe ningún otro profesional que tenga presencia tan importante y permanente en la vida de los ciudadanos del mundo, como el educador. Nadie, a excepción de algunos familiares, está con sus congéneres un promedio anual de mil horas durante 12 años, contados los ciclos de educación básica, y/o 5 años más de universidad y se le añaden otros cuantos si de especializaciones se trata.
Puede decirse entonces que una cuarta parte de nuestro recorrido por éste planeta lo pasamos junto a un profesor. Si cada habitante del mundo tuviera el acceso a la educación primaria y secundaria, conocería aproximadamente 50 maestros durante este recorrido. Si contara con el privilegio de ingresar a una universidad y realizar algún postgrado, la cifra de profesores podría pasar el centenar.
De ahí que la influencia del educador en el día a día de un estudiante es innegable. Pero también lo es el sistema que hace que este personaje esté ahí en nuestras vidas formándonos con una altísima, buena, regular o pésima calidad.
Pero, independientemente de los factores que permiten un proceso bien estructurado sobre una realidad y visionario respecto a la necesidades individuales y sociales de un país, está la capacidad personal de quien enseña para hacer que cada minuto de su influencia sobre un estudiante, sea verdaderamente prodigioso en el camino del conocimiento, de la fortaleza de la estima y el descubrimiento del poder de creación de cada uno.
Por ello, este mundo necesita maestros más concientes del valor de la sensibilidad humana, para hacer frente a la insensibilidad cada vez más grande de una población que se sumerge en la frialdad que le aporta tanta tecnología.
Clases con sabor a imaginación

Foto tomada del facebook de Francois Vallaeys
En el escenario de la función del cuenta cuentos Francois Vallaeys , Del Arca de Noé al Titanic, apareció varias veces una pizarra. Sobre ella y con un plumón, nos dictó una conferencia en donde expuso el pésimo papel de la sociedad moderna sobre el medio ambiente y cuál debería el trato hacia ella. Luego de 20 minutos, retiró el tablero y nos contó a los asistentes un cuento. Así lo hizo tres veces.
Terminada la obra, los asistentes, de todas las edades, salimos con mucho de culpa. Sin embargo, también con el convencimiento que esa función había sido especial. Que a diferencia de una película, un documental o la lectura de un texto literario o periodístico, esa cruda realidad, acompañada de una voz en vivo con datos y narraciones fantásticas, nos hizo salir a todos con el alma de chiquillos, convencidos del poder de la imaginación y dispuestos a hacer realidad esas narraciones.
Acabábamos de asistir en Lima, al estreno de una “cuentoferencia”, la fusión del cuento y la conferencia, una novedosa forma de difundir los serios problemas de la humanidad, combinándolos con narraciones, que hacen mucho más cercana la posibilidad de sensibilizarnos.
Pasados varios días de esa grata experiencia y obrando con acciones de la rutina diaria a favor del medio ambiente, pienso en el gran valor de la buena influencia cuando se tiene el privilegio de estar frente a un público en etapa de formación.
Y así como una cuentoferencia dejo una gran huella, bien podrían estar en las aulas de clase, los poemoferencias, fabulaferencias, noveloferencias y porque no, las clases con sabor a imaginación.
http://pamelaacosta.wordpress.com/2010/06/27/cuentoferencia/
“Creatibos” del idioma
Al igual que el clima, el idioma español cambia. Afortunadamente no tan bruscamente y con los graves efectos para tantas poblaciones, como se escuchan por los noticieros por estos días. Hago esta referencia por la profunda impresión que tuve hace pocos días al observar como un rutinario paisaje urbano fue alterado por una gran valla publicitaria que además con su mensaje transformó el estado de ánimo de este respetuoso hispanohablante.
La susodicha valla hace referencia a una conocida marca que pregona sus bondades acudiendo a una gran zancadilla a la ortografía. Es así como de acuerdo con la visión de los publicistas, una alternativa fue cambiar la letra inicial de muchas palabras para que hicieran juego con la letra que identifica la marca empresarial. Entonces, vaso, viva, venda, voy, quedan “baso, biva, benda, boy, porque la letra en referencia es la B.
De inmediato y gracias a los ajustes técnicos, la nueva campaña publicitaria comenzó a tomar fuerza y pegar a través de todos los medios de comunicación con música, baile y situaciones divertidas. Entonces los jóvenes ahora biven la bida con la cerveza B que les benden en todos lados y por eso, consumiendo ese producto adquieren una licencia para trasgredir las más elementales normas ortográficas de nuestro idioma.
No protestan quienes defienden el idioma, mucho menos los medios de comunicación que viven del buen idioma, porque la publicidad es, según su parecer, otra cosa que se puede hacer y deshacer solamente porque sí y obviamente por el dinero.
Lástima grande que la creatividad tenga que llegar a cometer cualquier cantidad de atropellos e infracciones contra el idioma español para sustentar una campaña, cuando lo que se requiere es todo lo contrario: que a través de la misma publicidad se genere un sentimiento de motivación para conocer algo de la riqueza de este gran idioma español.
Me iba a despedir, pero no puedo dejar pasar esta otra palabra con la que otros publicistas, o de pronto el capricho del dueño de la empresa de transporte, busca llamar la atención obligando a leerla una y otra vez: “Excluciva”. Hasta la próxima.
Propósitos de todos los tamaños
Una de las admirables capacidades de nosotros los seres humanos, es la facilidad de proyectar deseos y si se nos da la gana, hacer que florezcan en el corto, mediano o largo plazo. Sin embargo, ese privilegio también lo usamos para concebir otros anhelos que siendo realizables, los hacemos endebles, solamente con el fin que mueran apenas han sido concebidos.
El tema obviamente se relaciona con el nuevo año. Con las posibilidades que cada uno le asigna y con las seguridades que cada quien le imprima.
Es así, que comenzando el primer mes, de la segunda década del siglo veintiuno (para darle mayor trascendencia) nos proyectamos con gran seriedad y convencimiento y moldeamos una aspiración hasta fortalecerla. Dependiendo de las características individuales, le inyectamos la vitalidad necesaria y le asignamos un ciclo para desarrollarla.
Hablamos de los propósitos. Sí. De esas intenciones que todos llevamos y que sin importar la edad, deseamos convertir en realidades con el firme deseo de cumplirlas a costa de nuestro mejor esfuerzo.
Entonces, encontramos seres que están contentos porque cumplieron con sus propósitos. Alcanzaron sus metas, dejaron esparcido su ejemplo y otros les siguen su camino.
También existen quienes se proponen cosas todos los años y en todos los tamaños. Para la salud: dejar de fumar, hacer ejercicio, comer más sano, beber agua, quererse más o empezar a hacerlo; bienestar económico: capacitarse, buscar otro empleo, disminuir gastos, acabar con los superfluos, trabajar en ese proyecto que hace años se le ocurrió y que yace ahí; sentimental: entregar más, saber recibir, definir la situación de pareja; sociales: Encantar a los suyos, pasear a la mascota, visitar a familiares y amigos, saludar a los vecinos, participar en actividades sociales; espirituales: Visitar el templo, orar de vez en cuando, mirar hacia arriba y agradecer, apoyar una obra solidaria…….y así hasta el próximo año.
Otros que están, pero que no quieren aparecer en la escena, son quienes se cansaron, no los lograron, y son absolutamente escépticos respecto a cualquier propósito.
Pero en este trasegar, van quienes ya conocen sus propósitos, han venido trabajando en ellos, pero que por algún motivo, tuvieron que disminuir su ritmo o detenerse transitoriamente. A ellos, nuestros aplausos y energías, porque están camino a convertirse también en el ejemplo que por estas tierras tanto necesitamos. Para todos: buen viento en el 2010 y siempre el mejor de los esfuerzos.











