Taichi y otras estrategias para reducir las caídas en ancianos

Casi la tercera parte de personas mayores de 65 años, que no están hospitalizadas, sufre una caída. Un equipo de investigación descubrió que el Tai Chi (taijiguán) es una práctica eficaz para reducir la incidencia de caídas en ancianos. Los investigadores aplicaron además otras estrategias para evitar los accidentes en acianos pero el Tai Chi logró la tasa más alta de efectividad. A continuación especificamos la metodología aplicada y los resultados obtenidos. Continuar leyendo

Relación entre osteoporosis, osteopenia y fracturas en adultos con fibrosis quística

Un equipo de investigadores del hospital Roger Salengro, en Francia, realizaron un estudio con financiamiento de la firma Abbott France para determinar la relación entre osteoporosis, osteopenia y fracturas en adultos con fibrosis quística. Tras analizar datos de 12 estudios en los que se incluyeron a 1055 pacientes, se identificó que existe una alta prevalencia de osteopenia y osteoporosis entre pacientes que padecen de fibrosis quística, y además, este mismo grupo de pacientes posee un alto índice de fracturas. Continuar leyendo

Distrés psicológico puede incrementar el riesgo de muerte por cáncer

La presencia de distrés psicológico incrementa el riesgo de muerte en pacientes que padecen cáncer por segunda vez. Sin embargo el distrés psicológico no influye en los pacientes a quienes se les detecta cáncer por primera vez. Esta es la conclusión a la que llegaron Investigadores del departamento de epidemiología y salud pública de la Universidad Global de Londres tras analizar la evolución de más de 15 mil pacientes mayores de 53 años en Escocia. Continuar leyendo

Ancianos y la cultura alimentaria

Son los ancianos los que transmitían las recetas tradicionales de padres a hijos, son las agradables ancianas las que enseñan las recetas clásicas, usando productos naturales, con los ingredientes más tradicionales, artesanos y caseros. Son los ancianos los que transmiten una carga cultural que envuelve a cada uno de los platos que se consumen en una determinada sociedad. Fischler comentaba en 1995 “vamos a partir de la base que la alimentación humana no podemos reducirla solamente a un hecho biológico o de nutrición propiamente dicho, la alimentación humana tiene una dimensión cultural muy importante”. Continuar leyendo

Estudio de la detección y reporte del abuso sufrido por ancianos

Un estudio realizado por el departamento de Ciencias de la Salud Mental, del University College de  Londres, identificó que por lo menos el 33,7% de los profesionales de la salud habían detectado alguna vez casos de abuso de ancianos en el último año, y solo la mitad de esos hayazgos fueron reportados en forma adecuada. Además se identificó que cuando se impartieron cursos cara a cara a los profesionales de la salud se obtuvieron mejores resultados que en los casos en los que solo se les proporcionó información escrita sobre el problema. Continuar leyendo

Caso: corrección de déficit de vitamina B12 ayuda a resolver síndrome constitucional y pancitopenia

El caso que se presenta a continuación debe ser tomado como único, y no como un estudio cuyo resultado pudiera aplicarse a la población en general. Cuatro doctores del área de medicina interna y uno del área de hematología del hospital general de Gran Canaria Dr Negrín, reportaron este caso, considerando que situaciones similares solo se publican ocasionalmente. Continuar leyendo

Malos hábitos alimenticios complican la etapa postmenopáusica

La Msc. Dra. Benita Martínez Corona, Máster en Investigación en aterosclerosis, considera que el número de mujeres que está alcanzando el periodo del climaterio está creciendo de forma significativa a nivel mundial, por tanto se hace necesario investigar los hábitos alimenticios de este grupo de la población para evitar complicaciones durante o después de la menopausia. La dieta, de acuerdo a la especialista, es un factor muy importante a tener en cuenta durante el tratamiento de dichas mujeres. Continuar leyendo

El envejecimiento y el proceso de enfrentar pérdidas

A medida que las personas envejecen enfrentan un continuo cambio, continuamente el individuo atraviesa situaciones de ganancia y pérdida, pero es sobre todo en la tercera edad cuando las personas pueden  verse afectadas por las pérdidas, sobre todo en latinoamérica, donde los ancianos son separados del resto de la sociedad y aumentan las probabilidades de que las personas de edad avanzada sufran pérdidas. Las Licenciadas en enfermería Julia Rengifo, y Elda Henriquez de Venezuela, realizaron una investigación en la que se determinó que las pérdidas en los ancianos no tienen un impacto significativo en la calidad de vida de estas personas en latinoamérica. Continuar leyendo

Estrategias para minimizar las disfunciones cognitivas posoperatorias en ancianos

Se ha incrementado el número de cirugías a pacientes de edad avanzada, con el consiguiente aumento de la morbilidad e incremento de los gastos de salud. Surgen además muchos criterios a tomar en cuenta al atender a un paciente de edad avanzada, porque la recuperación del paciente puede ser más lenta, además las personas de la tercera edad tienen demandas adicionales de gasto cardíaco, síntesis protéica, respuesta inmunitaria o regeneración celular, por ello es necesario identificar los procesos patológicos específicos para cada sistema. Es por todo esto que se debe prestar especial atención a los pacientes ancianos al someterles a cirugía. Diversos investigadores han presentado estrategias para minimizar la mortalidad en la atención posoperatoria en pacientes ancianos.

Cada año más ancianos se somenten a operaciones en los Estados Unidos. De acuerdo a investigadores el número de pacientes mayores de 65 años aumentó de siete a 14 millones solo en los Estados Unidos, por tanto se requiere mayor especialización para poder dar una mejor atención a ese tipo de pacientes y además reducir los costos asociados al internamiento de los pacientes.

Los investigadores indican que los ancianos sufren cambios que afectan su sistema nervioso; ligados a estos cambios también se producen modificaciones en los sistemas cardiovascular, respitatorio, endocrino y renal. La suma de estos cambios deriva en una disminución de las funciones orgánicas, deteriorando su resistencia al estrés y modificando las respuestas hacia muchos fármacos.

Adicionalmente a los cambios antes indicados se registra que un adulto pierde unas 50 mil neuronas por día, pero los mayores de 60 años duplican esa cifra, produciéndose una hidrocefalia a baja tensión, al mismo tiempo que se alteran las conexiones sinápticas, así como la liberación  y acción de neurotransmisores. En enfermedades como Parkinson y Alzheimer se ha demostrado de hay una disminución de neurotransmisores.

Se debe tener cuidados adicionales cuando el paciente anciano tiene un estado de salud preoperatorio frágil y aún más si se detecta la presencia de un deterioro cognitivo preoperatorio.  Identificar un deterioro cognitivo leve pone en alerta a los especialistas para actuar frente a la aparición de cuadros cognitivos en el posoperatorio en el mediano y largo plazo. En este momento no hay un tratamiento para el deterioro cognitivo leve, pero se está ensayando con antioxidantes y drogas como el donepecilo, rivastigmina y galantamina.

Los transtornos del sueño y la aparición de cuadros delirantes en cirugías anteriores se debe tener en cuenta como factor de riesgo. Tras una operación se debe cuidar que no aparezcan transtornos en el sueño del paciente para mejorar el proceso de recuperación del anciano y minimizar los episodios de estrés debido al internamiento.

El internamiento del paciente también puede generar situaciones de estrés, por ello Canet y colaboradores insisten en que se debe reducir al mínimo los periodos de internamiento de los ancianos, siempre que su salud lo permita, y se considera fundamental la reinserción al medio habitual de vida del paciente anciano; con esta medida, los investigadores consiguieron reducir las disfunciones cognitivas y reducir los costos de hospitalización de forma significativa.

Se reportan también diferencias entre los efectos en ancianos de una cirugía menor y una cirugía mayor. De acuerdo a una investigación desarrollada por Rohan, la cirugía menor tiene una escasa relación con la incidencia de delirios, en comparación con la cirugía mayor en ancianos.

Los especialistas dividen las alteraciones del sistema nervioso central en ancianos durante el periodo posoperatorio en dos grandes categorías: por un lado los transtornos de la memoria o disfunciones cognitivas propiamente dichas y los delirios, confusión o desorientación.

En los casos de delirios, confusión y desorientación posoperatoria, es convenientes descartar las causas secundarias, como hipoxia, dolor, retención urinaria, etcétera.  Se presentan también alteraciones en la atención, pensamiento desorganizado, alteraciones del lenguaje, de la motricidad y de la secuencia vigilia/sueño (trastornos cognitivos), usualmente durante corto tiempo y se presenta una evolución fluctuante. Este tipo de transtornos se presenta entre el 14% y 56% de los ancianos y con una mortalidad que oscila entre el 10% y 70%. Teniendo en cuenta que la mortalidad está asociada a una condición de debilidad física previa a la operación y a una edad muy avanzada.

La demencia implica el desarrollo de múltiples disfunciones cognitivas (afasia, apraxia, agnosia, imposibilidad de ejecutar funciones, alteraciones de la memoria, etcétera), se presenta con menor incidencia entre los pacientes pero a menudo se transforma en un transtorno crónico.

Jonson indicó en una investigación que se encontró una incidencia de 19% de disfusiones cognitivas  tras operaciones no cardíacas, y a los tres meses se registró una incidencia de 6.2%, destacando que la incidencia es alta durante la primera semana de cirugía, pero se reduce rápidamente con el correr de los meses. Por su parte Sellwood y Orwell han identificado que los factores de riesgo para las disfunsiones prolongadas son la edad elevada, la infección posoperatoria, y la aparición de disfunciones en la primera semana del posoperatorio y concluyen que los riesgos de demencia a largo plazo permanecen aún hoy sin estar claros.

Depresión tras infarto al miocardio podría predisponer a la muerte del paciente

Un estudio realizado en el Reino Unido identifica la depresión tras sufrir un infarto al miocardio, como una de las causas que duplica las probabilidades de que un paciente muera por causa cardiovascular. Sin embargo otros estudios indican que las depresiones manifestadas tras un infarto al miocardio no implican mayor riesgo de muerte. El debate continúa y los expertos exponen sus distintos puntos de vista.

Un estudio realizado en Inglaterra con la participación de 588 sujetos hospitalizados por infarto al miocardio, con una edad promedio de 60 años. Se seleccionaron a personas que presentaban infarto de miocardio de acuerdo a los criterios de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Para medir el nivel de depresión de los pacientes se utilizó la escala HADS (Hospital Anxiety and Depression Scale), estableciendo que una escala de 17 puntos o mayor sería un indicador de depresión. Se logró controlar con la escala HADS a 441 pacientes; de ellos,  273 no estaban deprimidos, 96 sufrían depresión de inicio previo al infarto de miocardio y 71 tenían depresión posterior a dicho episodio.

El 7% de los pacientes sin depresión murió por causa cardiovascular, también falleció el 2% de pacientes que tenían depresión pervia al infarto y el 14% de los afectados por una depresión posterior al infarto. Con estas difras los investigadores concluyeron que en adultos mayores que sufren un infarto al miocardio el la aparición de episodios de depresión implica el incremento del riesgo de muerte por causa cardiovascular, mientras que aquellos que ya presentaban depresión previa al infarto no experimentaban incremento en el riesgo de muerte.

La Dra Elizabeth Martens, del centro de investigación de psicología en enfermedades somáticas de la Universidad de Tiburg, indica que “ciertos subtipos de depresión presentes en pacientes con infarto de miocardio pueden ser diferencialmente vinculados con el pronóstico de evolución cardiovascular”  y considera que se debería prestar más atención al momento de inicio de la depresión. Martens señala que lo más probable es que los episodios depresivos que aparecen en los pacientes después del infarto, sean de etiología diferente a los episodios preexistentes. La investigadora asegura además que no existe aún un estudio experimental que demuestre una relación causal entre  depresión y el riesgo de muerte  después de un infarto de miocardio.