“Nuestra educación aún es una analfabeta emocional”

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El profesor Carlos González resalta la necesidad de formar emocionalmente a las personas desde el autoconocimiento

En la película “Entre maestros” el profesor Carlos González desarrolla una clase real con alumnos para que ellos puedan aprender a administrar las emociones desde el autoconocimiento. Autor del libro “23 maestros, de corazón – un salto cuántico en la enseñanza”, el pedagogo lamenta que la educación, como es hecha en las escuelas, aún sea una “analfabeta emocional”.

En la experiencia de más de dos décadas enseñando, aprendió que los típicos conflictos de clase y los dramas personales emocionales de los alumnos van a la par con la historia de la humanidad. “Llegué a la conclusión de que la llave de todo estaba en que educábamos de una manera que nos desconectaba de nuestra propia esencia, y nos sometía a las creencias y mitos de nuestra cultura y de nuestra familia”, afirma.

El autor explica que la escuela enseña acerca de Sócrates: “conozcase a sí mismo”, pero que no posibilita la aplicación de esa herramienta en el día a día. Entonces, la propuesta es formar un profesor de corazón, capaz de enseñar sin autoridad y con métodos para el autoconocimiento.

“Un maestro, de corazón” es alguien que prioriza a las exigencias educativas y de grupos culturales, familiares o ideológicos, en relación al sentir profundo”, afirma en la entrevista para la  revista 3.0. Resalta que muchas veces se contraponen el sentir al pensar, cuando en realidad éstas deberían ser complementarias para lograr el discernimiento.

“Un sentimiento profundo nos puede ayudar a salir de laberintos mentales o de pensamientos que esclavizan”, dijo. Por otra parte, “un pensar libre, consciente de los límites de lo que estamos pensando, ayuda a entender el nivel de profundidad de nuestros sentimientos”.

Dice que a pesar de haber escuelas que permiten clases en las que se hablan de las emociones, “si vemos el tema desde el punto de vista estadístico, nuestra educación aún es una analfabeta emocional”. Por eso, considera fundamental que se fomente una enseñanza que permita el autoconocimiento.

El educador resalta que para ser un profesor que enseña con el corazón, hay que ser un ejemplo y llevar el método a la práctica. No basta usar discursos acerca de la vida. Para eso, como comenta Carlos González, es importante que el profesor trabaje el equilibrio entre la razón y la emoción.

El profesor cita a cinco ingredientes que ayudarían a formar un buen profesor que sea capaz de trabajar las emociones en clase:

  1. Amar a sí mismo. No se puede ayudar a los otros si no hemos desarrollado el amor propio.
  2. Amar la vida sin reservas. Es importante sentir una admiración por la vida, desear conocer, alcanzar la belleza de las cosas que nos rodean. Solo con ese afán por la vida será posible preparar a los otros a la vida.
  3. Amar a las personas que enseñamos sin reserva. Es importante librarnos de todas las barreras existentes para poder llegar al alumno y promover que él se desarrolle emocionalmente.
  4. Provocar. La provocación es un camino para la liberación de las emociones.
  5. Confianza. La base de la amistad junto con el amor que permite que una relación se construya sin límites, de manera profunda.

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Fuente: Carlos González (Entre maestros): “Nuestra educación es aún una analfabeta emocional”

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